Inversión social para contrarrestar la pobreza

 Inversión social para contrarrestar la pobreza

*Inversión social para contrarrestar la pobreza*

*Por Carlos Ordosgoitia Sanin*

La carencia de los recursos necesarios para satisfacer las necesidades de una población o un grupo de individuos se define como pobreza, y constituye por ende, un problema grande de derechos humanos. En Colombia hay miles de madres solteras que cada día se despiertan con la incertidumbre de saber si podrán recolectar el dinero para llevarle un plato de comida a sus hijos. Así de dura es la realidad de la pobreza en nuestro país, caracterizado por sus profundos contrastes. Ante esta situación, se hace evidente la necesidad de abordar uno de nuestros desafíos más complejos: la reducción de los niveles de pobreza monetaria y pobreza monetaria extrema.

Considero que, para enfrentar esta grave problemática social, es necesario que los responsables de formular políticas públicas enfocadas en la atención de los más necesitados, intensifiquen sus esfuerzos de manera denodada para hacer crecer las economías con más puestos de trabajo, empleo de alta calidad y la implementación de inversiones sociales de calidad para equilibrar la balanza de oportunidades. No solo se trata de asistencia inmediata, sino de desarrollar un sistema que fomente el bienestar a largo plazo.

No obstante, este desafío no se limita al aumento de transferencias monetarias a los más pobres. La pobreza en Colombia está ligada a la falta de acceso a educación de calidad, empleo, servicios de salud y vivienda digna. Por lo que asegurar la eficiencia y transparencia en el uso de recursos es crucial para que estos lleguen a quienes realmente los necesitan, potenciando su impacto en la vida de las personas.

El reciente informe del DANE sobre Pobreza Monetaria en Colombia revela que, en 2023, la línea de pobreza monetaria extrema per cápita a nivel nacional fue de $218.846, mientras que la línea de pobreza monetaria fue de $435.375.

Debo indicar que a pesar de que la incidencia de la pobreza monetaria se situó en un 33 %, con una reducción de 3,6 puntos porcentuales comparados con 2022, es vital no perder de vista esos millones de colombianos que todavía sufren. Y resalto que capitales como Cúcuta, Barranquilla y Montería han hecho esfuerzos significativos y hoy son ejemplos de que, con las políticas adecuadas, es posible ver resultados tangibles.

Asimismo, en lo que respecta a la pobreza monetaria extrema, la incidencia nacional fue del 11,4 %, con una reducción de 2,4 puntos porcentuales frente a años anteriores. Este progreso destaca el impacto que pueden tener las inversiones en comunidades específicas y la importancia de una política social integral que fomente la inclusión y el desarrollo sostenible.

Tomando el caso de Montería, donde la incidencia de pobreza monetaria fue del 34,3 % durante 2023, 5,2 puntos porcentuales menos que en 2022, es evidente que las inversiones sociales no son solo números, sino que reflejan acciones concretas que redundan en una mejor calidad de vida de los ciudadanos. Las estrategias que implementamos en el último año del Gobierno de la Gente muestran que el camino hacia la reducción de la pobreza es posible a través de la inversión en áreas clave que impactan directamente a las personas.

Así las cosas, cumplir con esta misión no es un reto menor, ya que requiere que se planteen alternativas viables para recuperar la economía y fomentar el emprendimiento, por lo que es fundamental hacer énfasis en que la verdadera política social se fundamenta en inversiones de calidad que brinden herramientas efectivas a los ciudadanos más vulnerables.

Hoy más que nunca, es urgente estructurar proyectos de gran impacto social, urbanístico, cultural y ambiental, siendo conscientes de que el camino hacia una Colombia libre de pobreza es largo y exige el esfuerzo y voluntad de todos los estamentos.

Desde nuestras regiones se puede desempeñar un papel determinante en la construcción de un futuro más prometedor y estoy firmemente convencido de que juntos podemos brindar las herramientas y oportunidades necesarias para forjar una sociedad más empática, en la que la esperanza y la prosperidad sean el motor de grandes transformaciones. Solo así, los sueños de millones de colombianos se transformarán en realidades.

El Pulso del Tiempo

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