Las presiones detrás del desastre ambiental que vive la Amazonia

 Las presiones detrás del desastre ambiental que vive la Amazonia

El 65,8 % de la selva tropical está sometida a algún tipo de actividad que afecta su conservación, como construcción de vías, extracción de petróleo, minería legal e ilegal, proyectos hidroeléctricos, actividad agropecuaria, extracción de madera y cultivos ilícitos.

La Amazonia es una de las regiones a las que se les presta más atención en el mundo. El foco está puesto sobre la gran biodiversidad, su extensa red hidrográfica y el papel fundamental que juega en la regulación del clima del planeta. No en vano, hace apenas unos días Estados Unidos, Reino Unido y Noruega impulsaron una inversión de US$1.000 para proteger la selva tropical. Pero, a la par con el dinero de cooperación internacional que llega, semanalmente los sistemas de monitoreo satelital detectan nuevas presiones e impactos sobre los ecosistemas que se acercan cada vez más a un daño irreversible.

La selva amazónica tiene una extensión de más de ocho millones de kilómetros cuadrados, de los cuales más de la mitad (65,8 %) están sometidos a algún tipo de actividad impulsada por el ser humano que afecta su conservación. La Red Amazónica de Información Socioambiental Georreferenciada (RAISG) mostró en su más reciente estudio: “Atlas Amazonia bajo presión 2020”, la degradación que sufrió el bioma en los últimos nueve años como consecuencia de siete principales detonantes: construcción de vías, extracción de petróleo, minería legal e ilegal, proyectos hidroeléctricos, actividad agropecuaria, extracción de madera y cultivos ilícitos.

Para Adriana Rojas, coordinadora del equipo de sistemas de información de la Fundación Gaia Amazonas —una de las organizaciones que contribuyó en el estudio—, aunque las actividades que están degradando la selva se desarrollan por separado y afectan uno o varios componentes de los ecosistemas, todas generan un impacto agregado. En otras palabras, un daño lleva a otro daño. “Esos impactos son acumulados y una sola actividad puede estar generando o dinamizando otras”, señaló a El Espectador.

Según el estudio, en 2020 todos los países del bioma amazónico ya tenían la mayor parte de su territorio sometido a algún tipo de actividad que genera un impacto ambiental. Un daño que, según la RAISG, aumentará no solo por la continuidad de esas explotaciones, sino por la llegada de nuevas intervenciones. Actualmente, el 27 % de la selva está en proyecciones para la explotación de hidrocarburos, extracción de minerales y construcción de nuevas vías o hidroeléctricas .

El caso de Ecuador fue el escenario más dramático, pues se observó que el 88 % de su territorio amazónico se ha visto afectado por alguna de estas actividades, seguido de Guyana (81 %), Bolivia y Perú (42 %), y Brasil y Venezuela (72 % y 68, % respectivamente). En Colombia, aunque no presentó presiones muy altas, la posibilidad de explotación minera y petrolera se mantuvo constante y presenta presiones en el 55 % de su territorio amazónico.

FUENTE: EL ESPECTADOR

El Pulso del Tiempo

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