En la fiesta de la Virgen de Fátima, la Iglesia colombiana renovó la consagración del país al Inmaculado Corazón de María
En el marco de la memoria litúrgica de la Virgen de Fátima y durante el cuarto Rosario Nacional por la Reconciliación y la Paz de Colombia, la Iglesia en Colombia renovó este 13 de mayo la consagración de la nación al Inmaculado Corazón de María, elevando una oración por la unidad, la reconciliación, la verdad y la esperanza del país.

La jornada central se desarrolló en la Catedral Primada de Colombia y estuvo presidida por Francisco Javier Múnera Correa, arzobispo de Cartagena y presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, acompañado de obispos, sacerdotes, religiosos y cientos de fieles laicos.
La celebración coincidió con la conmemoración de la primera aparición de la Santísima Virgen María a los pastorcitos Lucía, Jacinta y Francisco, ocurrida el 13 de mayo de 1917 en Cova da Iria, Portugal, acontecimiento que dio origen al mensaje espiritual de Fátima, centrado en la oración, la conversión, la reparación y la paz.
En este contexto, la Iglesia en Colombia se unió espiritualmente a esta memoria mariana a través de una jornada nacional de oración marcada por profundos signos de fe y reconciliación. Entre ellos, la exposición del Santísimo Sacramento en la custodia representativa del Cristo de Bojayá y el ingreso en procesión de la imagen peregrina de la Virgen de Fátima.
Previo a la celebración eucarística, cientos de fieles participaron en el rezo del Santo Rosario, ofreciendo los misterios gloriosos por Colombia, sus gobernantes, las víctimas de la violencia, las Fuerzas Armadas, la Policía Nacional, las personas que padecen hambre y la población privada de la libertad. Como signo de esperanza, internos privados de la libertad enviaron cartas y camándulas elaboradas con sus propias manos para ser depositadas a los pies de la Virgen María.
“Podremos ser adversarios, pero nunca enemigos”
Durante la homilía, monseñor Múnera dirigió un fuerte llamado pastoral al país para superar la polarización, reconstruir la confianza social y promover una cultura del encuentro y la fraternidad.
Inspirado en la presencia de María en Caná, el Calvario y el Cenáculo, el prelado aseguró que la Virgen sigue acompañando a Colombia en medio de sus desafíos históricos, sociales y políticos.
“Ella nos ayuda a todos, creyentes, hombres y mujeres de buena voluntad, a superar los lenguajes del miedo y del odio, de la desconfianza a nuestras instituciones”, afirmó.
En una de las frases más contundentes de su reflexión, expresó:
“Es cierto que tenemos diferencias, somos diversos; podremos ser, inclusive, adversarios, pero nunca enemigos”.
El presidente del episcopado colombiano exhortó además a recuperar el sentido de nación y la amistad social:
“Abriguemos en nuestro corazón sentimientos de hermandad y de amistad social. Somos hermanos, somos ciudadanos de esta querida Patria”.
Frente al actual contexto nacional, monseñor Múnera recordó que el ejercicio de la política exige responsabilidad ética, discernimiento y búsqueda sincera del bien común:
“El ejercicio de la política requiere de todos el discernimiento y la búsqueda del bien común para que juntos trabajemos en el proyecto de nación que anhelamos con justicia, equidad, solidaridad y, ante todo, en la búsqueda de la verdad”.
Y añadió:
“No temamos: la verdad nos hará libres”.
María, signo de esperanza para Colombia
Al meditar el pasaje de las bodas de Caná, el Arzobispo de Cartagena aseguró que Colombia necesita abrirse a la transformación espiritual y social que nace del encuentro con Cristo.
“Jesús puede realizar el milagro de transformar nuestras reservas morales, culturales y espirituales, y nuestra propia historia, pasado, presente y futuro, en un vino nuevo y mejor”, afirmó.
En ese sentido, invitó a los colombianos a presentar ante Dios la realidad del país con humildad y esperanza:
“Basta solo con presentarle a Jesús las tinajas llenas de lo que somos, hacemos y tenemos como ciudadanos y como país, para que Él realice el milagro del amor, de la fiesta y de la alegría”.
Refiriéndose al mensaje de Fátima, monseñor Múnera recordó que la Virgen María sigue proponiendo tres caminos concretos para el tiempo presente: la oración, la reparación y la consagración.
Explicó que la oración ayuda a confiar nuevamente en Dios; que la reparación impulsa la solidaridad frente a la indiferencia; y que la consagración al Corazón Inmaculado de María conduce a una transformación profunda de las relaciones humanas y sociales.
“El corazón de María nos une más íntimamente al corazón de Cristo que transforma, unifica y sana nuestro corazón herido”, expresó.
Renovación de la consagración de Colombia
Al finalizar la celebración eucarística, fue renovada oficialmente la consagración de Colombia al Inmaculado Corazón de María mediante una oración en la que se pidió por el presente y el futuro del país, por la reconciliación nacional, la defensa de la vida, la justicia, la paz y el fortalecimiento de la fraternidad entre los colombianos.
La jornada concluyó con una súplica confiada a la Virgen María para que acompañe a Colombia en sus desafíos actuales y ayude al país a construir caminos de verdad, reconciliación y esperanza.
Vea a continuación la transmisión de la celebración:


