Murió Plinio Apuleyo Mendoza: escritor, periodista, y uno de los más cercanos a Gabriel García Márquez
El autor de ‘Años De Fuga’ falleció a los 94 años. Varias personalidades de la vida pública se pronunciaron tras conocerse la noticia

El escritor y periodista Plinio Apuleyo Mendoza falleció a los 94 años. Reconocido por su trayectoria en la literatura y el periodismo colombiano, es recordado por su obra Años de fuga (1979), así como por ser uno de los hombres más cercanos al Nobel de Literatura, Gabriel García Márquez.
La noticia la dio a conocer en sus redes sociales el periodista Gustavo Gómez. Las causas de su fallecimiento no fueron dadas a conocer.
Uno de los primeros en reaccionar a su deceso fue el expresidente Álvaro Uribe Vélez, a través de su cuenta de X. “Murió Plinio Apuleyo Mendoza, un ser excepcional, el periodista, el escritor, el humanista, el liberal, el crítico, el soldado de la democracia, el defensor de los soldados. Soy deudor de su apoyo de tantas horas. Patricia, hermanas, familia estimada, siempre gracias”, escribió.

Nació el 1 de enero de 1932 en Tunja, en el seno de una familia marcada por la política y las letras. Su padre, el abogado Plinio Mendoza Neira, llevaba del brazo a Jorge Eliécer Gaitán en el momento de su asesinato, el 9 de abril de 1948, un episodio que marcó la memoria familiar y que el escritor evocó décadas después en sus memorias. El propio nombre del autor rindió tributo a dos escritores célebres durante los años del Imperio Romano: Plinio el Joven y Apuleyo.
Mendoza viajó a París para estudiar Ciencias Políticas en la Universidad de La Sorbona, una etapa que resultó determinante tanto en su formación intelectual como en sus vínculos personales. En la capital francesa ejerció como Primer Secretario de la Embajada de Colombia y comenzó a publicar artículos en medios internacionales, lo que le permitió consolidar una voz propia en el periodismo latinoamericano de la época.
Al regresar a Colombia, en 1959, fue nombrado director de Prensa Latina, la agencia de noticias cubana, cargo que ocupó hasta 1961 en un período en que la Revolución cubana generaba entusiasmo entre amplios sectores de la intelectualidad latinoamericana. Mendoza no fue ajeno a ese fervor: durante años compartió con Gabriel García Márquez y otros escritores de su generación una posición política de izquierda y un apoyo abierto al proceso liderado por Fidel Castro.

La relación entre Plinio Apuleyo Mendoza y Gabriel García Márquez comenzó de manera poco prometedora.
“El Gabo de entonces era para mí un típico costeño, ruidoso, borracho, mal estudiante, vestido con un descuidado traje tropical que le hacía vulgares propuestas a la camarera, mientras yo era lo contrario: un cachaco nacido en el frío altiplano, tímido, cortés y respetuoso”, recordó Mendoza en una entrevista publicada por La Gaceta de Argentina.
La amistad real comenzó ocho años después, en 1955, cuando ambos coincidieron en el Barrio Latino de París. García Márquez llegó como corresponsal de El Espectador; Mendoza escribía notas para El Tiempo mientras terminaba sus estudios. Vivían en hoteles frente a frente y hablaban de literatura a diario. Mendoza le consiguió trabajo, le mandó dinero en sus épocas de mayor precariedad y leyó sus manuscritos. García Márquez lo nombró padrino de su hijo mayor, Rodrigo, y desde entonces lo llamó “compadre”. “Mi amistad con Gabo duró hasta su muerte. Éramos como hermanos”, afirmó Mendoza.
Esa intimidad dio lugar a El olor de la guayaba (1982), libro escrito a cuatro manos en el que García Márquez reveló, entre otras cosas, cómo se le ocurrió la idea de Cien años de soledad durante un viaje a Acapulco. La obra, considerada la entrevista más profunda y precisa que concedió el Nobel, recorre su infancia, su proceso creativo, sus amores y sus convicciones políticas.
Mendoza volvió sobre esa relación en La llama y el hielo (1984) y en Aquellos tiempos con Gabo (2000), volumen en el que reunió cartas, anécdotas y recuerdos de más de seis décadas de amistad. El libro se publicó posteriormente bajo los títulos Un García Márquez desconocido (2009) y Gabo: cartas y recuerdos (2013).
El pensamiento político de Mendoza describe un arco que él mismo reconoció sin ambigüedades. Durante los años 50 y 60, compartió con García Márquez el entusiasmo por la Revolución cubana y la condena a las dictaduras militares que proliferaban en América Latina. No obstante, esa posición fue cambiando con el tiempo.
«Fui un hombre de izquierda, pero la realidad me convenció de otra cosa. Me niego a que me rotulen como de derecha. Soy un liberal, no de partido sino de pensamiento. Creo en la libertad política y económica; en la libertad del individuo“, declaró Mendoza en una entrevista con El Espectador.
Esa convicción encontró su expresión más contundente en el Manual del perfecto idiota latinoamericano (1996), escrito en coautoría con el periodista cubano Carlos Alberto Montaner y el periodista peruano Álvaro Vargas Llosa, con prólogo de Mario Vargas Llosa.

El libro, concebido como la antítesis de Las venas abiertas de América Latina de Eduardo Galeano, analiza con tono satírico la mentalidad de las élites políticas e intelectuales latinoamericanas que, según los autores, perpetúan el subdesarrollo al abrazar el populismo, el nacionalismo y el estatismo. El “idiota latinoamericano”, según la tesis del libro, no advierte que el problema de la región reside en la estructura del Estado y en la concentración de poder en caudillos, y toma como ejemplos paradigmáticos el peronismo argentino y el castrismo cubano.
La obra tuvo una amplia repercusión continental y fue seguida por Fabricantes de miseria (1998), El regreso del idiota (2007) y Últimas noticias del nuevo idiota iberoamericano (2014), todos con los mismos coautores.
Pese a las diferencias políticas con García Márquez —que mantuvo hasta el final de su vida una posición cercana al gobierno cubano— nunca llegaron a romper la amistad entre ambos. Mendoza fue uno de los últimos en despedirse del Nobel, ya aquejado de Alzhéimer, en Bogotá. «Logré recordarle cosas que había olvidado“, escribió.
Al margen de sus libros sobre García Márquez y de sus ensayos políticos, Mendoza construyó una obra narrativa propia. Su colección de cuentos, El desertor (1974), fue publicada por Monte Ávila Editores y reeditada en varias oportunidades. En 1979 ganó el Premio de Novela Plaza y Janés con Años De Fuga, que consolidó su nombre en el campo de la ficción, así como su posición entre los exponentes del boom latinoamericano de la segunda mitad del siglo XX.

Le siguieron las novelas Cinco días en la isla (1997) y Entre dos aguas (2010), además de libros de memorias como Muchas cosas que contar (2012), Retazos de una vida (2017) y Postales de una vida (2021).


