“Pastrana fue a la Comisión de la Verdad a decir mentiras”: Samper

“Pastrana fue a la Comisión de la Verdad a decir mentiras”: Samper

El exmandatario liberal dice que fue el propio Pastrana quien se encargó de darles credibilidad a los exjefes del cartel de Cali y le “salió el tiro por la culata”. Y lo reta para que comparezca ante la Comisión de Acusaciones.

La carta que Andrés Pastrana presentó ante la Comisión de la Verdad —en la que los hermanos Miguel y Gilberto Rodríguez Orejuela, exjefes del cartel de Cali, aseguran que sí entregaron dinero a la campaña presidencial de Ernesto Samper en 1994— reabrió el baúl de los recuerdos del tristemente célebre proceso 8.000. Pero apenas unos días después de su comparecencia, el exmandatario pasó de acusador a acusado.

Samper, protagonista del escándalo y rival histórico de Pastrana, habla por primera vez desde que se conoció la respuesta de los hermanos Rodríguez Orejuela a lo dicho por el líder conservador, acusándolo de haberles recibido plata para sus propias campañas. Samper reta a Pastrana a que se someta a la Comisión de Acusaciones de la Cámara de Representantes.

¿A qué carta de los Rodríguez le cree uno: a la del 2000, donde lo acusan a usted, o a la de ahora, en que acusan a Pastrana?

El tema no es a quién le crea yo, sino a quien le creyó Pastrana. Él mismo fue el que le dio legitimidad y validez a la primera carta de los Rodríguez. Y hasta hoy nos venimos a enterar de que esta fue producto de un chantaje del entonces presidente. No tiene presentación que ahora, cuando son los mismos Rodríguez los que acusan a Pastrana, él diga que su palabra ya no vale o que se acoja a la parte de la segunda carta que no lo implica. Repito: fue el propio Pastrana quien se encargó de darles credibilidad a los exjefes del cartel de Cali. Al parecer, le salió el tiro por la culata.

¿Pero usted les cree?

La carta confirma episodios que muchos intuíamos. Sabíamos que los Rodríguez les daban plata a campañas de todos los partidos, y que la justicia de la época no quiso investigar a muchos de los parlamentarios conservadores que estaban con Pastrana. Lo que sí es realmente grave es que esta famosa carta de “confesión” del año 2000, refrita y reciclada diez y veinte años después, se haya escrito como respuesta a una extorsión de un jefe de Estado, quien, además, según los Rodríguez, recibió plata del narcotráfico para sus dos campañas presidenciales. Me parece increíble que Pastrana haya sido capaz de ir a la Comisión de la Verdad a decir tantas mentiras.

Todo el país sabe que a su campaña entró plata de los Rodríguez. De eso hay miles de pruebas y varios condenados. ¿Cómo es posible que con tantas investigaciones nunca hubiera aparecido nada en la campaña de Pastrana?

En primer lugar, todavía está en discusión la credibilidad de los famosos narcocasetes. La cadena de custodia y el origen de estos dejan muchas dudas. Esa fue una operación de la DEA y no descarto que el rastro de los aportes a Pastrana se haya perdido en el camino. Ahora la cosa está más clara porque son los propios hermanos Rodríguez los que confiesan que financiaron a Pastrana. ¿Qué más prueba que eso? Lo que falta por determinar es cuánto le dieron y en qué circunstancias. En mi caso, lo que hubo fue un cambiazo de dinero sucio por plata limpia por parte de los administradores de mi campaña.

Hablemos de Dragacol y Chambacú. Usted dice que la presión suya y de Horacio Serpa indagando en esos casos tenía preocupado a Pastrana. Pero no me cuadran los tiempos. Ese rollo fue en el gobierno de Gaviria y en el suyo, no en el de Pastrana…

El caso de Chambacú fue una tragedia social que todavía existe. En el de Dragacol, el nuevo gobierno terminó reconociendo, con explicable detrimento fiscal, una suma cinco veces mayor a la que había acordado Rodrigo Marín como ministro de Transporte en mi saliente administración. Entonces se decía que parte de esos recursos de Dragacol habían sido utilizados para financiar la campaña de Pastrana.

Pero no entiendo qué pitos tocan Serpa y usted en ese episodio. ¿Estaban investigando un posible acto de corrupción de la campaña de Pastrana?

Pues estábamos en lo que estaban todos los sectores de oposición ayer y hoy: en la jugada.

Los Rodríguez dicen que Pastrana quería la carta para intimidarlos a Serpa y a usted. Pero él no se las mostró en su momento a ustedes ni a la opinión. ¿Entonces para qué la carta? ¿Por qué guardarla tanto tiempo?

Quedan muchos vacíos y muchas preguntas. ¿Por qué no denunció un supuesto hecho criminal que debía ser investigado? ¿Qué había detrás del interés de Pastrana en los casos de Dragacol y Chambacú para amenazar con extradición a los que se le acercaran? ¿Qué sentido tenía enviar a un médico a extorsionar a unos presos para proteger sus intereses políticos? ¿Por qué les concedió a los hermanos Rodríguez el traslado que siempre quisieron, a la cárcel de Palmira, casi al mismo tiempo en que fue escrita la famosa carta? ¿Por qué se la guardó durante trece años y la resucita ahora, en vísperas de una campaña?

¿Usted le cree a Pastrana cuando dice que Rafael Pardo y César Gaviria intentaron persuadirlo para enterrar los casetes que dieron origen al proceso 8.000?

Creo que esa es otra mentira de Pastrana. Seguramente Gaviria y Pardo buscaron, como lo hizo el fiscal De Greiff, cuya memoria él deshonra de manera infame, que hubiera una salida institucional, avalada por las dos campañas, a la confusión creada pocos días antes de las elecciones. Pastrana prefirió desconocer los resultados, sin esperar las investigaciones, e irse por el mundo desacreditando el país y su democracia. Así se ganó, solito, el calificativo de apátrida.

Esta nueva carta de los Rodríguez, sin duda, enreda a Pastrana ante la historia, pero tampoco lo desenreda a usted…

Pero me libra de la condición de chivo expiatorio de la convivencia de muchos sectores con el narcotráfico, a los cuáles entra ahora el doctor Pastrana. Tampoco espero que los jefes del cartel de Cali, después de haberlos perseguido, desmantelado, encarcelado y haber conseguido el restablecimiento de la extradición que no les aplicó Pastrana, me exoneren.

Muchos no confiaban en el parlamentario Heine Mogollón ni en la Comisión de Acusaciones. Pastrana dice que en la casa de Rodrigo Pardo le planteó someterse a una comisión independiente, ¿por qué usted no aceptó?

Porque yo no soy de los que resuelven sus diferencias políticas buscando atajos institucionales. Para eso están la Constitución, las leyes y la justicia en una democracia, y a ellas me sometí hasta probar mi inocencia. En todos estos años no encontraron ninguna prueba que comprometiera mi conducta por una sola razón: porque no existe. Pastrana lleva años siendo víctima de una obsesión compulsiva contra mí.

En su momento usted les pidió a los colombianos que le creyeran que nunca supo de la entrada de la plata del narcotráfico en su campaña. Si los Rodríguez presentan una prueba incontrovertible de que la plata de ellos, en efecto, llegó a la campaña de Pastrana, ¿usted le creería si este dice que esa plata entró a sus espaldas?

Si a él le montaran lo que me montaron a mí, por supuesto. Entendería que es normal que un candidato no esté pendiente del detalle de la contabilidad y los cheques. Más aún si la plata la está manejando una persona de su confianza. Ahora él tiene la oportunidad, como yo, de probar su inocencia ante la justicia. Lo invito a que responda como yo lo hice.

¿Respalda usted entonces la solicitud del senador Antonio Sanguino para que la Comisión de Acusaciones investigue a Pastrana?

No pretendo, como algunos medios de comunicación, convertirme en juez de nadie. La Comisión de Acusaciones es el juez natural de los expresidentes, el sitio para defenderse de los cargos de abuso de poder, encubrimiento y defraudación fiscal que resultan de la carta que le enviaron los hermanos Rodríguez Orejuela y que él pretendía utilizar para silenciarnos a Serpa y a mi; propósito que, por supuesto, jamás hubiera conseguido.

¿Quiere decirles algo a los hermanos Rodríguez?

Que vayan a la Comisión de la Verdad, que en el caso de Pastrana fue de omisión de la verdad…

FUENTE EL ESPECTADOR

El Pulso del Tiempo

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