Bajo desarrollo económico y fuerte conflicto en el uso del suelo: las distorsiones en las Unidades Productivas Agropecuarias (UPA) del Departamento de Córdoba.
¿Urgencia de un modelo de Desarrollo Económico Endógeno?.

Por; Giovanni Carlos Argel Fuentes
Luis Alfonso Díaz Vargas
La evolución progresiva de las teorías del desarrollo, han estado sujetas fundamentalmente, a las funciones estructurales de producción y cambios tecnológicos, como transformacionales en la explotación de los recursos en el territorio. En ese sentido, por ejemplo, a mediados de los años cincuenta, Solow (1956) y Swan (1956) determinaron que la función de producción macroeconómica, es el elemento central del modelo de crecimiento económico en un país. El aumento de la productividad y de la renta per cápita se produce como consecuencia del progreso tecnológico, que ocurre de forma exógena, y del aumento de la relación capital/trabajo. Dos limitaciones tiene, esta teoría: que el crecimiento económico viene determinado por un factor externo al modelo, y que su concepto de equilibrio es, como señala Nelson (1995), mecánico e irreal, ya que los agentes económicos no actúan de forma predeterminada, de tal manera que el resultado de sus decisiones conduzca, siempre y necesariamente, al equilibrio del sistema.
Posteriormente, la moderna teoría del crecimiento económico de Romer, 1986 y 1994; Lucas, 1988; Rebelo, 1991, adiciona un componente sustancial para entender el desarrollo y explicar su crecimiento, y es así como considera la ley de rendimientos decrecientes tan sólo como una de las alternativas del funcionamiento del proceso de crecimiento económico. El crecimiento económico puede continuar a largo plazo debido a que las inversiones en bienes de capital, incluido el capital humano, pueden generar rendimientos crecientes, a medida que las economías crecen, gracias a la difusión de las innovaciones y del conocimiento entre las empresas y a la creación de economías externas.
Luego la teoría neoclásica de la economía incorpora en la función de producción otros hechos que explican y condicionan los procesos de crecimiento económico y, en concreto, consideran que el avance tecnológico es un factor endógeno y que las rentas monopolistas condicionan los procesos de crecimiento, lo que les permite concluir la diversidad de los escenarios posibles del crecimiento. Pero, también, estos modelos son demasiado mecánicos e inapropiados para capturar la complejidad de la realidad económica.
Simultáneamente un grupo de críticos de la teoría neoclásica, en los años 90, enfatizaron en reemplazar los factores exógenos que favorecieron un modelo estructuralmente sustitutivo del progreso técnico interno en el territorio; por uno cuyas variables determinantes de crecimiento deben estar explicitadas en el modelo. La investigación inicial se basó en el trabajo de Kenneth Arrow (1962), Hirofumi Uzawa (1965) y Miguel Sidrauski (1967), Paul Romer (1986 y 2018), y posteriormente en los trabajo de Lucas (1988),3 y Rebelo (1991), quienes omitieron el cambio tecnológico. En su lugar, propusieron que el crecimiento en sus modelos, debe estar ligado a inversión en capital humano que provoca un efecto spillover sobre la economía y reduciría los rendimientos decrecientes de la acumulación de capital.
Anota Vázquez, 1999a “…En el escenario actual de transformaciones económicas, organizativas, tecnológicas, políticas e institucionales, conviene adoptar una visión de la dinámica económica y social, que permita considerar las respuestas de los actores económicos y, así, identificar los mecanismos del desarrollo económico. Los estudios teóricos y los análisis de experiencias de reestructuración productiva y de dinámica urbana y regional han permitido conceptualizar el desarrollo endógeno como una interpretación útil para el análisis y para la acción”. (http://dx.doi.org/10.4067/S0250-71612000007900003 Desarrollo endógeno y globalización, Antonio Vázquez-Barquero).
En general la Teoría del Desarrollo Endógeno considera que la acumulación de capital y el progreso tecnológico son, sin duda, factores claves en el crecimiento económico. Pero, además, identifica una senda de desarrollo autosostenido de carácter endógeno, al argumentar que los factores que contribuyen al proceso de acumulación de capital, generan economías, externas e internas, de escala, reducen los costos generales y los costos de transacción y favorecen las economías de diversidad. La teoría del desarrollo endógeno reconoce, por lo tanto, la existencia de rendimientos crecientes de los factores acumulables y el papel de los actores económicos, privados y públicos, en las decisiones de inversión y localización.
La globalización ha hecho que los sistemas empresariales y las instituciones y organizaciones de las diferentes sociedades se relacionen unas con otras y se adapten a las condiciones de cada entorno. Por ello revisar las tesis como impactos definidos desde este modelo, podría indicar posibilidades sólidas de impulsar vla productividad interna del sector agropecuario y agroindustrial en el departamento de Córdoba. El aumento de la competencia en los mercados implica que la competitividad de las empresas depende cada vez más del funcionamiento de la red de instituciones que estructuran el entorno en el que las empresas están radicadas. Por ello, como apunta Streeck (1991), tendrán más capacidad para competir aquellas ciudades y regiones que tienen un sistema de instituciones que les permite producir los bienes públicos y generar las relaciones de cooperación entre los actores, que impulsan el aprendizaje y la innovación.
En tal sentido el desarrollo económico, por lo tanto, toma fuerzas en aquellos territorios que tienen un sistema institucional evolucionado y complejo. Por ello cuando las empresas están integradas en territorios caracterizados por redes densas de relaciones entre las empresas, las instituciones de formación y de investigación, las asociaciones de empresarios y los sindicatos, y los gobiernos locales, pueden utilizar más eficientemente los recursos disponibles y mejorar su competitividad. Las barreras al desarrollo aparecen, frecuentemente, como consecuencia de las carencias y mal funcionamiento de la red institucional, que dificulta el desarrollo de los procesos de crecimiento autosostenido. Esta situación, no es progresiva en el sector agropecuario y agroindustrial; o más bien en sus unidades productivas; lo que hace posible impulsar el desarrollo de otros criterios de innovación y transformación sectorial.
Frente a lo anterior y relacionando los actuales procesos que vive Colombia en términos de planificación de su desarrollo y sus sectores; el nuevo proyecto de Plan Nacional de Desarrollo (2022-2026), que se encuentra en su fase de formulación, consolidación y aprobación, tiene como eje principal la Paz total. Esta se soporta en tres ejes o vectores estratégicos fundamentales: Justicia Económica, Justicia Ambiental y Justicia Social. En las tres variables es relevante los aspectos inherentes al ordenamiento del territorio bajo la égida de la producción sostenible, la adaptación y mitigación del cambio climático, la gestión del agua, la cohesión del territorio, entre otros.
Los énfasis marcados en el proyecto de Plan están correlacionados con las tendencias que en las últimas décadas se vienen generando sobre la revalorización de lo territorial y los asuntos geográficos. Especialmente sobre ¿Qué modelo de desarrollo se requiere para el país? y en especial para los sectores económicos, ¿Se requiere el impacto de los factores exógenos o la promoción de estructuras internas, que impliquen cambios o trasformaciones de factores de producción en el territorio?
En esa perspectiva, el profesor Edgar Moncayo, en su trabajo sobre políticas regionales y globalización; señala que “es, aparentemente, una paradoja que justo cuando la globalización sugiere un mundo en el que las distancias se estarían banalizando (sería el “fin de la geografía”), se esté produciendo, simultáneamente, una recuperación de la dimensión territorial, no sólo en el plano teórico sino en el de la realidad de las estrategias empresariales y las políticas públicas[1]”
En este el enfoque de desarrollo con énfasis en el territorio, es donde surge la perspectiva de endogeneidad del territorio, que, para Moncayo no es más que un acercamiento al concepto de biorregión para la planificación y administración del capital natural y la biodiversidad.
¿Qué es entonces una biorregión? según el Instituto de Recursos Mundiales (WRI), la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN) y el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), citado por Moncayo, es:
“Un territorio de agua y suelo cuyos límites son definidos por los límites geográficos de comunidades humanas y sistemas ecológicos. Tal área debe ser suficientemente amplia para mantener la integridad de las comunidades biológicas, hábitats y ecosistemas de la región; sostener procesos ecológicos esenciales, tales como los ciclos de nutrientes y residuos, migración y flujos; satisfacer los requerimientos del territorio para especies claves; e incluir las comunidades humanas en el manejo, uso y comprensión de los recursos biológicos. Debe ser suficientemente pequeña para que los residentes locales la consideren su hogar”
Desde este marco referencial y estado de arte, como a su vez con el fin de estudiar el contexto departamental a la luz de del desarrollo de estos conceptos, en especial aplicado a las Unidades Productivas Agropecuarias (UPA), es necesario revisar datos y estadísticas que nos den un acercamiento de la realidad del territorio.
El departamento de Córdoba cuenta con una superficie de 25.020 km2 equivalentes a 2.502.000 Ha, con una población de 1.856.496 habitantes para una densidad poblacional de 74.2 habitantes por km2. El 55.6% de la población vive en las zonas urbanas y el 48.4 en las zonas rurales, situación contraria a la media nacional, lo que marca la ruralidad poblacional y lo que ello implica en un contexto de atraso social y de carencias de servicios y de infraestructuras básicas.
De acuerdo a datos del Departamento Nacional de Planeación (DNP), del total de la superficie del departamento 28% están identificadas como áreas amenazadas por fenómenos hidrometereológicos, equivalentes a 698.849 Has. En consecuencia, el evento de desastre que afecta con mayor intensidad al territorio son las inundaciones con el 88.9% de ocurrencia, con sus externalidades sociales, ambientales y económicas, negativas. Este fenómeno es recurrente en las temporadas de alta pluviosidad y exige la intervención estructural e integral, que haga control al riesgo suficientemente diagnosticado.
Desde una perspectiva del ordenamiento territorial en el departamento sobre el uso adecuado y en conflicto, el 67.2% de su superficie, equivalentes a 1.673.521,5 Has, según la Corporación Autónoma de los Valles del Sinú y San Jorge CVS, presenta variaciones no adecuadas en el uso del suelo. De esta información en sobreutilización y subutilización, se encuentra en conflicto el 62% debidamente verificado. En subutilización el 34% (845.965 has) y sobreutilización con el 28% (701.643 has), cuando en 2012 eran el 33.72% y el 23.46%. En conflictos de áreas urbanas, construcciones y áreas sin información, 5% (129.475 has). Ver Mapa de Conflictos de Uso del Suelo, 2022. Es de señalar que esta situación afecta desde la perspectiva económica la frontera de posibilidades productiva del territorio, lo que exige acuerdos entre los actores desde una óptica de desarrollo endógeno, que permita generar estrategias institucionales, tecnológicas y de dotación de equipamientos de infraestructura y servicio principalmente en las áreas rurales.
Tomado como referencia la información actualizada de la Encuesta Nacional Agropecuaria 2019 (ENA), sobre el área de uso potencial agropecuario, el departamento de Córdoba cuenta con 1.932.512 has, que representan el 4% del total del país y el 20% de la Región Caribe.
Área en uso adecuado y en Conflicto, DNP (2012) y Mapa de Distribución del Uso Adecuado y Conflicto de Uso del Suelo, según CVS, 2022.


Fuente: DNP (2012) y CVS. 2022
Del área con uso potencial agropecuario del departamento, el 85% está siendo utilizado para actividades pecuarias, el 8% para actividades agrícolas, el 2% se encuentran en bosques y el 3% tienen otros usos. La información anterior muestra el sesgo productivo hacia las actividades pecuarias específicamente a la ganadería bovina que indica indicios sobre la conflictividad existente en la subutilización del uso del suelo. Ver Mapa adjunto.
Potencial de uso del suelo y conflicto de usabilidad. 2022.

Ahora bien, en detalle, se evidencia que el 44.7% de la vocación del suelo para uso agrícola en Córdoba, solo el 13.8% se usa para explotaciones agrícolas. Igualmente, el 9.7% está apto para actividades ganaderas y pastoreo, observando que el 57.5% se sobreutiliza en estas actividades. Desproporción sustancial que afecta los niveles de productividad por usabilidad y vocación de la superficie. Puede observarse que solo el 0.2% del 18.3% se dedica a actividades agroforestales de producción Esta tenencia y explotación irregular debe ajustarse en el tiempo, antes que el ordenamiento y la planificación sea imposible e inviable.
Si realizamos la correlación entre el uso del suelo, dedicados a la actividad pecuaria con la cantidad de ganado bobino, nos muestra una relación de una (1) unidad de ganando por hectárea. Lo anterior nos muestra el sistema de ganadería extensiva tradicional en las explotaciones ganaderas del departamento de Córdoba y en la progresiva intervención de la sobreexplotación ganadera que vuelve la tierra improductiva frente a la explotación agrícola.
Es necesario, para efectos de la explotación racional y adecuadas de los recursos y su armonía con los ecosistemas, la adecuación de las nuevas tecnologías para tal fin, en este sentido podemos acercarnos a la perspectiva de la teorías económicas, cuando se dice que el crecimiento de las distintas actividades productivas se encuentran asociadas con el cambio tecnológico, en consecuencia en la medida que se implanten acciones que conduzcan al mejoramiento de la productividad tendrá como efecto la ampliación de las fronteras de posibilidades productivas; dentro de esta lógica los datos proporcionados por la ENA sobre la implementación de mejoras e innovación en las Unidades Productivas Agropecuarias, presenta un departamento con serias dificultades de competitividad, dado que el 96.8 del total de UPA, no implementaron acciones de innovación y solo el 3.2% introdujeron algún grado de cambio innovador.
Ello indica el bajo grado de transformación del sector y sus unidades en los últimos 20 años. Lo que se refleja en las valoraciones que realizan los empresarios agropecuarios constantemente, frente a la tendencias y escenarios de cambio, no solo para el presente sino para el futuro.
Ahora bien, resalta el profesor Moncayo, “En términos de competitividad, para M. Porter, en su célebre modelo del diamante, en primera instancia considera las condiciones de los factores de producción, donde ubica en los factores avanzados el tema de las comunicaciones”[2]. Es de resaltar la enorme contribución al crecimiento del comercio internacional, al acceso rápido a la información posibilitada por la revolución de las tecnologías de comunicación e información, específicamente el desarrollo del internet. Es allí de alguna manera, sobre lo cual debe fundamentarse la dinámica de los sectores económicos y elevar los niveles de competitividad exigidos en el marco de la globalización.
En tal sentido es imposible hacer prospectiva sobre el desarrollo económico de los territorios, sin involucrar al análisis los factores avanzados señalados por Porter. Conforme a ello, la línea de base tomada de la ENA sobre conectividad en el departamento de Córdoba, merece una atención especial, la precaria situación en términos de conectividad y acceso internet de las UPA, solo el 1.1% de las mismas cuentan con conectividad y el 33% cuenta con dispositivos TIC.
Ante lo expuesto se hace imperativo para el departamento:
- Establecer lineamientos de ordenamiento territorial que articulen y armonicen los planes de ordenamiento de los entes territoriales del nivel municipal. Se requiere iniciar la implementación de estrategias de desarrollo endógeno. El desarrollo endógeno debe ser entendido como la articulación del desarrollo local que se genera principalmente por iniciativas locales con los recursos propios del ente territorial. Se basa principalmente en los recursos propios de cada región (Picci, 1993). Este modelo de desarrollo se enfoca a la potenciación de los recursos y valores propios de una comunidad.
- Ajustar en los próximos 10 años el conflicto en el uso del suelo, evitando la sobreexplotación y subutilización, a partir de estrategias de gobierno que estimule el uso adecuado del suelo.
- Definir estrategias que creen las bases parar la reubicación de hacinamiento humanos en zonas sensible y de riesgo ante fenómenos naturales como los hidrometeorológicos.
- Fomentar la política integral de agronegocios y negocios verdes, que constituyan una bioregión integral, con apoyo de empresarios agropecuarios y del estado local.
- Recuperación de zonas de reservas y áreas de protección ambiental.
- Estimular proceso de investigación aplicada parar armonizar el uso de nuevas tecnologías que armonizan el desarrollo sostenible con la productividad.
[1] Moncayo Edgar, Nuevos enfoques teóricos, evolución de las políticas regionales e impacto territorial de la globalización. ILPES, 2002, pág. 9
[2] Moncayo, Edgar. Nuevos enfoques teóricos, evolución de las políticas regionales e impacto territorial de la globalización. ILPES 2002. Pag. 18


