Defensoría del Pueblo denuncia que demoras en la implementación de programas agrava desnutrición.
Leosaida Montaner se acerca a una de las cocinas ubicada al exterior de una vivienda wayú. “Esta familia no come desde ayer”, afirma con seguridad, mientras toca la leña seca que evidencia que no han cocinado. Faltan pocos minutos para que llegue el mediodía y seguramente ese día, esa familia tampoco logre almorzar, pues no hay comida a la vista.
Una situación tan preocupante, pero tan común, que se ha convertido en el diario vivir de muchas familias wayú en el departamento de La Guajira. La incertidumbre se apodera de ellas, pues la mayoría no tiene un trabajo formal, viven del día a día, de lo que generan con la venta de artesanías o comida y sobreviven sin saber qué alimentos podrán darle al otro día a sus hijos.
Los más afectados son los niños y niñas, especialmente los que están entre los cero y cinco años; por ello, el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) les daba dos raciones de comida preparada al día (una en la mañana y otra en la tarde) para evitar la desnutrición en los pequeños y garantizarles su derecho a la alimentación.
‘Hay niñas y niños que están siendo alimentados únicamente con chicha’: Defensor
Sin embargo, en una visita realizada por la Defensoría del Pueblo en Riohacha, Maicao, Uribia y Manaure “evidenciamos con preocupación que la situación de vulneración de derechos de las niñas y niños wayú empeora por la falta de diligencia y actuación por parte del ICBF. Los menores de 5 años no están recibiendo los servicios de atención a la primera infancia”, denunció el Defensor del Pueblo Carlos Camargo Assis.
Ya son 7 meses los que cumplen algunas comunidades, como Sumaain wayú, visitada por EL TIEMPO, sin recibir la atención integral a la primera infancia, incluido el complemento nutricional. Y en algunas el panorama es aún más desolador. “Hay niñas y niños entre los 0 y 5 años que están siendo alimentados únicamente con chicha, razón por la cual han perdido talla y peso”, continuó el Defensor Carlos Camargo.
Además, cifras reveladas por la Defensoría del Pueblo demuestran que, en lo corrido del año, con corte a mayo, 14 niños entre los cero y cinco años habían muerto por desnutrición en La Guajira.
Los habitantes de Sumaain wayú relataron con preocupación que la última vez que recibieron esta ayuda por parte del ICBF fue en diciembre 15 del 2023 y que este año no han recibido ningún tipo de ayuda o alimento para los menores, aumentando el riesgo de desnutrición.
Ese es el caso de Lesly de Pimienta Puchaina, una madre de 23 años, que tiene a uno de sus hijos, de tan solo dos años, con bajo peso y riesgo de desnutrición. “Anteriormente, el año pasado, estábamos con lo de la UCA (Unidad Comunitaria de Atención del ICBF) y los niños recibían el desayuno y el almuerzo todos los días, hasta este año que hicieron lo del pilotaje. A mis niños los incluyeron en el pilotaje, pero no hemos recibido atención, no les han hecho seguimiento, ni hemos logrado alguna concertación”, relató la joven madre.
Este pilotaje de atención integral de la niñez wayú consiste en un cambio en la operación de los programas del ICBF en las comunidades indígenas de La Guajira. En este nuevo modelo no se focaliza al niño o a la niña, sino a la familia completa, con talento humano, un paquete alimentario y entrega de agua. Según información plasmada en la ‘Guía para la atención integral al pueblo wayú en sus territorios ancestrales en La Guajira’, del ICBF, esta atención “puede ser mediante la entrega de alimentos para consumir en el hogar, o mediante la instalación de un comedor comunitario, o con la entrega de comida servida, o la combinación de todas”.
Carlos Uriana, autoridad tradicional de Sumaain wayú, explicó que, si bien están de acuerdo con el pilotaje del ICBF, el cual le prometió a su comunidad la entrega de mercados para todo el núcleo familiar, lo que no pueden entender es la demora para comenzar con el plan piloto. “No entiendo por qué tanta demora en el desarrollo de ese proyecto. Nos habían dicho que el programa de la UCA iba hasta el 15 de diciembre de 2023 y, al día siguiente, empezaba el proceso del pilotaje. Pero, desde esa fecha, hasta el sol de hoy, no ha habido avance en el proceso, no ha empezado la operación de los operadores”, relató Uriana.
Adicionalmente, la autoridad de la comunidad, Carlos Uriana, explicó que no están de acuerdo con que el pilotaje del ICBF solo haya incluido a 38 niños y niñas y a sus familias y no a todos los menores de edad que hacen parte de la comunidad, pues son 800 familias y al no recibir estos mercados “más niños y niñas pueden caer en desnutrición”, alertó.
Madres no tienen certeza de cómo alimentar a sus hijos
Hay 38 niños y niñas con riesgo de desnutrición en la comunidad.
Leosaida Montaner es madre de tres menores: un niño de 8 años, otra de 6 años y uno más pequeño de 4, y también se desempeña como agente de salud por parte de la comunidad Sumaain wayú. Esta comunidad está ubicada a tan solo 10 minutos de Riohacha, capital del departamento de la Guajira, pero que, en palabras de sus habitantes, a pesar de estar tan cerca a la capital tiene los mismos problemas que las comunidades de la Alta Guajira: no tienen acceso a agua potable, padecen de inseguridad alimentaria y la mayoría de menores no tiene acceso a educación.
“En Sumaain wayú hay 800 familias y tenemos una gran problemática: hay 38 niños y niñas con riesgo de desnutrición. Es muy preocupante porque la mayoría somos de bajos recursos, muchos están sin empleo y hay gran cantidad de madres solteras. Uno de los niños que está en riesgo de desnutrición está hospitalizado por un cuadro de diarrea fuerte por consumir agua que no es potable. Tampoco tenemos acceso a agua potable y los más afectados son los niños y las niñas”, aclara Leosaida Montaner.
Ella no puede evitar mostrar su tristeza al describir el panorama desolador que viven en su comunidad, pues hace un tiempo también vivió la experiencia de tener a sus hijos con desnutrición. Actualmente, como madre proveedora, vive de lo que gana vendiendo artesanías en la capital y decidió compartir vivienda con otra madre proveedora y su hijo para que juntas puedan garantizarles la alimentación a los 4 menores de edad bajo su cuidado.
Lesly de Pimienta Puchaina tiene a uno de sus hijos con bajo peso y riesgo de desnutrición.
A Lesly de Pimienta Puchaina, otra de las madres afectadas, se le entrecorta la voz cuando confiesa que tanto ella como sus hijos a veces comen dos veces al día y otras veces no lo logran, “esperamos en Dios para ver qué suple para el día de mañana porque no tenemos un recurso para decir que mañana podemos comer carne o pollo, o que pueda hacerles a los niños una sopa de pollo. Estaría mintiendo porque no sabría decirle qué puedo darles el día de mañana”, cuenta entristecida mientras sostiene a su hijo sobre sus piernas.
Lesly también muestra su inconformismo con que no se hayan incluido a todos los niños y niñas en el pilotaje. “No estoy de acuerdo porque acá en Sumaain wayú todos los niños y niñas necesitan, puede que algunos no estén en riesgo de desnutrición, pero si no se les entrega ese mercado pueden caer en desnutrición” comentó Lesly y agregó que para los niños y niñas que ya estaban en riesgo de desnutrición con el pasar de los meses la situación se agrava, “¿qué puede pasar con esos niños y niñas que tienen desnutrición? Entre más días y más meses que pasan aumenta el riesgo y puede ocasionar muerte también”. De hecho, hace pocos días uno de lo menores de esta comunidad falleció por desnutrición, denunciaron desde la comunidad.
Tampoco tienen garantizado el acceso al agua
La comunidad solo puede abastecerse de agua no potable una vez a la semana.
Leosaida Montaner se acera a su vivienda, una tela con los colores de la bandera colombiana hace su función de puerta, la cual abre para poder entrar. No hay electrodomésticos en su interior, solo un par de hamacas que tienden en las noches para poder descansar y una pequeña estufa de dos puestos que funciona con una pipeta de gas. En una ollita tiene un poco de arroz y lentejas.
Da unos pasos hasta una caneca blanca con la que recogió agua hace dos días, levanta la tapa para mostrar que ya casi está vacía y aún faltan seis días para que pueda volver a recoger agua de una tubería cercana a la comunidad que solo los abastece del líquido una vez a la semana; eso sí, de agua que no es potable por lo que también es la causa de muchas enfermedades en los niños.
La otra opción que tienen para abastecerse del líquido es recolectando el agua lluvia que cae en los jagüeyes, los cuales funcionan como una especie de depresiones en el suelo que permiten almacenar el agua lluvia para abastecerse de agua en épocas de sequía.
Carlos Uriana, autoridad tradicional de Sumaain wayú, camina hasta uno de estos jagüeyes. Levanta sus brazos y aclara que en época de lluvia el jagüey alcanza a sobrepasar su altura. “Cuando está llenito, y uno se mete al jagüey, el agua me alcanza a tapar todo”, explica. No obstante, hoy el jagüey está completamente seco. Carlos asegura que lleva más o menos seis meses así, porque desde hace meses no llueve.
Así luce uno de los jagüeyes cercanos a la comunidad. Lleva meses completamente seco.
“Es para depósito de agua, para uso de los animales, también lo usamos para consumo humano porque no hay acueducto ni ningún punto de acceso al agua, pero solo funciona en temporadas de lluvia”, recalca Carlos y añade que incluso en alguna época las mujeres bañaban a los niños ahí, pero “producía cáncer de piel, infecciones y culebrilla en los pies”, revela.
Así que deben aguantar temperaturas que llegan a sobrepasar los 40 grados con el agua que logran recolectar, una vez a la semana, en las canecas de las familias. Hay ocasiones en que logran reunir el dinero entre todos (150.000 pesos) para solicitar un carrotanque que llene de agua uno de los contenedores de agua ubicado a la entrada de la comunidad.
Carlos lamenta que además de la inseguridad alimentaria que presentan las familias de su comunidad tampoco puedan acceder con facilidad al líquido. “El agua es tan fundamental para la vida, pero no se cuenta con ese recurso en Sumaain wayú, cosa que nos aqueja cada día”, dice Carlos y agrega que al garantizarles el acceso al agua podrían sembrar, alimentar a los animales, consumirla, cocinar y hacer labores de aseo.
“No hay manera de sembrar un arbolito que dé algo comestible. No hay manera de producir alimento sin que haya un sistema de riego, así sea agua salobre para poder sembrar y recoger los frutos. Estamos esperando que llueva”, confiesa desolado Carlos.
El Defensor del Pueblo, Carlos Camargo Assis, también hizo un llamado al respecto. “Nos preocupa también la falta de suministro de agua, así como la ausencia de respuesta a los requerimientos que les hemos elevado a las entidades competentes en relación con las brigadas de salud, las cuales son realizadas solamente una vez al año afectando a niños, niñas, mujeres gestantes y personas mayores”, aseveró el Defensor y agregó: “Hacemos un llamado enérgico a todas las autoridades nacionales, departamentales y municipales para que implementen todas las medidas definitivas que permitan solucionar las diferentes problemáticas que enfrenta la comunidad wayú en La Guajira. Denle cumplimiento de una vez por todas a las órdenes impartidas por la Corte Constitucional en la sentencia T – 302 del 2017”, puntualizó el Defensor Carlos Camargo.
Carlos Uriana aclara que el único acompañamiento con el que han contado siempre es con el de la Defensoría del Pueblo para hacer valer sus derechos. “La Defensoría del Pueblo siempre nos ha apoyado en todo. Ellos están presentes cada vez que nosotros solicitamos el acompañamiento. Hay una puerta que siempre encontramos abierta en el momento en que los necesitemos”, destaca.
El ICBF responde
EL TIEMPO contactó al ICBF sobre la denuncia hecha por la Defensoría del Pueblo y la comunidad y la entidad explicó que «a esta comunidad sí se le está prestando la atención a través del Modelo de Atención Integral wayú. La atención que se brinda no es solo de las raciones alimentarias, ya se han realizado seguimientos nutricionales, encuentros pedagógicos comunitarios y luego de varios acercamientos entre el ICBF, el operador y la comunidad se logró que este sábado 15 de junio se desarrolle la entrega del primer Paquete Alimentario mediante el Modelo de Atención Integral wayú».
Además, el ICBF señaló que las demoras obedecen a que «en un principio se negaron a recibir las raciones alimentarias, pues la comunidad solicitaba que se entregaran más de las que estaban focalizadas por la entidad». Y aseguraron que en el 2024, «el presupuesto del ICBF aumentó en un 83% frente al año anterior para el departamento de La Guajira, que a su vez se ha visto reflejado en un aumento del 47% en la cobertura de atención».