Banda de Bangaño, dos décadas después… en Tributo al porro 2024

 Banda de Bangaño, dos décadas después… en Tributo al porro 2024

Banda de Bangaño, dos décadas después… en Tributo al porro 202

Hace 20 años el investigador y gestor cultural Miguel Angel Castilla tuvo el primer contacto con la Banda de Bangaño. De aquella visita quedó el registro de publicación en la revista Semana,

https://www.semana.com/la-banda-bangano/65509-3/

Su polifonía en aquel entonces no era conocida, y su fundador, José Domingo López Almario advertía sobre la generación de un fenómeno sociocultural que estos constructores de paz supieron sortear a pesar de la subvaloración. Esa tolerancia tal vez es la que le permite al final, expresar con satisfacción: «En medio de las críticas se nota que la banda les gusta y eso es lo más importante para nosotros».

Y realmente ese aprecio que percibe su principal forjador se evidencia desde su constitución, comenzando por los pobladores de Las Salinas y los habitantes de las riberas del Sinú que de manera jocosa la bautizaban cada cierto tiempo sin pensar en que tal reconocimiento legitimaba de una u otra forma su existencia y presencia física. Primero, en su pueblo natal la denominaron «La Parapeto» por qué su sola conformación era toda una odisea; luego, algunos sugirieron que se llamara la «Banda de Calabaza» en honor al elemento más representativo; después los mismos protagonistas le colocaron «Banda 23 de Diciembre de Las Salinas» por ser el día en que oficialmente se fundó como grupo musical, y últimamente, como decía el maestro decimero Juan Doria, un admirador de esta expresión, «desde La Madera (San Pelayo) hasta El Carito (Lorica) todo el mundo los identifica como la Banda de Bangaño, por su parecido con la calabaza, y ante eso no hay nada que hacer».

López Almario, que se auto define como «un hombre descomplicado al que las cosas materiales poco trasnochan», concepto que corroboran sus compañeros de grupo, dice que lo más difícil ha sido la consecución de la percusión, ya que los recursos económicos son escasos. Añade que tal situación los llevó a fabricar rudimentariamente sus propios instrumentos con lo que tenían a la mano. Pero ello más que amilanarlo, refleja la actitud de un soñador que con orgullo expresa: «Cuando surgió la idea de montar la banda nos alegramos al extremo que comenzamos por hacer el bombito con un vaso de madera que elaboró uno de los integrantes y con unos cueros y alambres que guardábamos en casa».

No obstante, José Domingo advierte que, si bien lo ideal es tener un buen redoblante, un bombo y unos platillos, y hasta un buen uniforme, lo que más requieren es un instructor capacitado que les permita acoplar los pitos -calabazas- para poder incorporar el extenso repertorio nacional a su particular formato musical.

Bueno, después de la publicación de Semana, la ministra de Cultura de aquel entonces, María Consuelo Araujo Castro, ante una carta enviada por Castilla Camargo, dotó de percusión a la Banda de las Salinas, lo que estimuló a muchos a pertenecer al grupo icónico de la región.

El fervor por esta agrupación, sin precedentes en el departamento de Córdoba, ha contagiado a los pobladores de Las Salinas, que ya se han ido acostumbrando al recital diario de estos talentosos músicos que al mejor estilo de las bandas pelayeras suplen las trompetas, bombardinos y hasta las tubas metálicas por calabazas de variados tamaños que producen llamativos sonidos que ya han comenzado a trascender las fronteras del Sinú.

El sueño del maestro Almario es una realidad. Tienen percusión y un maestro que ha seguido el proceso de enseñanza. Casualidad del destino, el nuevo director de la Banda de Bangaño, Alfedilo Burgos, se encontrará con el investigador Miguel Angel Castilla, 20 años después, gracias al Ministerio de las Culturas, las artes y los saberes, Programa Nacional de Concertación Cultural 2024, Convenio 1782-2024, la Fundación Río en alianza con el Centro Comercial Nuestro.

Hoy, después de un proceso de aprendizaje, construcción del tejido social, y persistir con una costumbre ancestral, cosechan un producto de la tierra con el doble propósito de alimentar el cuerpo, la mente y el espíritu.

 

El Pulso del Tiempo

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