Barranquilla se emociona ante el proyecto de De la Espriella de convertirla en capital alterna de Colombia

 Barranquilla se emociona ante el proyecto de De la Espriella de convertirla en capital alterna de Colombia

El presidente electo insiste en gobernar desde la mayor urbe del Caribe

La sombra de La Arcada ofrece refugio del ardiente sol caribeño esta mañana de martes en el Antiguo Edificio de la Aduana de Barranquilla, un renovado complejo que reúne cultura, memoria y patrimonio en la cuarta ciudad más poblada de Colombia. Rodeado por una plaza de 2.500 metros cuadrados, el Palacio Amarillo alberga, entre otras instituciones, una galería de arte, un museo, el Archivo Histórico del departamento del Atlántico y la Biblioteca Piloto del Caribe, en la que un puñado de visitantes estudian detrás de las mismas ventanillas en las que hace un siglo se nacionalizaban mercancías.

La Aduana se construyó entre 1919 y 1921, cuando la ciudad, cuna de la aviación comercial en el país, se consolidaba además como un importante puerto fluvial y marítimo. “Este edificio simboliza el poder de la Barranquilla pujante, en todos los sentidos; representa el pasado, el presente y el futuro”, apunta José Alberto Bedoya, director de la corporación encargada de administrar el complejo, la CLENA, mientras hace un recorrido. A la espera de los detalles más concretos, la histórica edificación sumará ahora una nueva capa: será una de las sedes de la Presidencia de Abelardo de la Espriella, que promete convertir a Barranquilla en una capital alterna a la lejana Bogotá, empotrada, a 2.600 metros de altura, en el interior andino del país.

“Se acabó el olvido. Se acabó la desidia. Se acabó el abandono centralista. En pocos días, un hijo del Caribe se sentará en el soleo de Bolívar y cumplirá una promesa que hizo durante la campaña: gobernar desde las regiones y para las regiones”, dijo De la Espriella con grandilocuencia en la última de las declaraciones en video que acostumbra transmitir los fines de semana, al estilo de una alocución presidencial, desde su despacho privado, ubicado justamente en Barranquilla, su ciudad adoptiva, pues se crio en la también caribeña Montería.

El presidente electo ha asegurado que, después de que se posesione el 7 de agosto, presentará ante el Congreso un proyecto de reforma constitucional que reconozca oficialmente a Barranquilla como capital alterna de Colombia. “Será una sede permanente de la Presidencia de la República. Desde el Batallón Paraíso y el Palacio de la Aduana voy a despachar, realizar consejos de ministros, recibir delegaciones nacionales e internacionales y seguiré construyendo un Gobierno cercano a las regiones”, ha insistido. También ha dicho que cuando se encuentre en Bogotá no despachará desde la Casa de Nariño, que ordenó convertir en un museo, sino desde el Palacio de San Carlos, la actual sede de la Cancillería. Ese anuncio pasó a segundo plano en la principal urbe de la costa norte, desbordada por las expectativas en torno a su inédito estatus.

A unos 5 kilómetros del Edificio de la Aduana, por la Vía 40, la misma por la que desfila el enorme y tradicional Carnaval de Barranquilla, se encuentra la Segunda Brigada del Ejército, en el barrio Paraíso, donde avanzan a toda marcha las adecuaciones de los edificios militares. Mientras en la Aduana deberían convivir el mundo político y el cultural, el batallón apunta a concentrar la actividad de Gobierno. A otros pocos kilómetros de allí, en el barrio El Prado, las oficinas de su firma como abogado penalista, De la Espriella Lawyers, han servido hasta ahora como sede de muchas reuniones del presidente electo con representantes de otros gobiernos, líderes gremiales o ministros designados, en una suerte de ensayo de los consejos de ministros. Son, hasta ahora, los tres epicentros de la prometida capital alterna.

Las estatuas de un guerrero de terracota y un tigre de cerámica –como le gusta apodarse al abogado de ultraderecha– custodian la entrada de De la Espriella Lawyers, con palmeras a los costados y un cartel de Ron Defensor, uno de los muchos negocios del presidente electo. En el jardín ya no está el gigantesco tigre inflable que se hizo famoso en la campaña. “Siempre llegan cuando tengo medio almuerzo en la boca”, se lamenta esta tarde una policía mientras le da un último mordisco a su sándwich ante la llegada de la caravana, un robusto esquema de seguridad de una decena de vehículos –incluida una ambulancia– que atraviesa a toda velocidad, de arriba abajo, las calles de El Prado. Este fin de semana se desarrolla un “retiro espiritual” en Barranquilla que por primera vez reúne a todo el equipo de Gobierno de lo que llama la Patria Milagro.

De la Espriella no despierta consensos en su ciudad adoptiva. De hecho, el senador de izquierdas Iván Cepeda, su rival en la segunda vuelta, obtuvo el 54% de los votos en la ciudad por el 45% del abogado penalista, con una marcada división de clases (a pesar de que apeló al eslogan “costeño vota costeño”). Pero su propuesta de capital alterna toca una fibra sensible, pues está muy arraigada la idea de una deuda histórica del Gobierno central, aún por saldar. “La ansiedad por el atraso relativo de la región Caribe es cada vez más pronunciada e insoportable”, lo resume un intelectual barranquillero.

“Abelardo no es de Barranquilla, la ciudad lo adopta – y eso es muy barranquillero”, pues al final es una ciudad de inmigrantes, destaca el empresario y analista Thierry Ways, que ve un símbolo muy caribeño en la escogencia de la capital alterna. “Ciertamente es una ciudad que tiene mejor infraestructura que el resto de la región para albergar una cosa tan audaz”, valora. Bogotá, vaticina, no se verá perjudicada por un ligero desplazamiento del centro de gravedad del poder, pues seguirá siendo, por mucho, la principal ciudad del país. Incluso se verá beneficiada por el desarrollo de una región que es de interés estratégico para toda la nación. “Si se queda solo en lo simbólico, sería una decepción, pero tendría algo de positivo. Puede ser un fenómeno pasajero, pero puede ser también un giro definitivo en el destino de esta ciudad si nos lo tomamos en serio”, apunta.

El entusiasmo cotiza al alza. “Le da mucha fuerza y visibilidad a una ciudad que viene en una senda de crecimiento en las últimas dos décadas”, con un esfuerzo sostenido de articulación público-privada, destaca Vicky Osorio, directora de ProBarranquilla, la agencia de promoción de la ciudad. Ese impulso debería potenciar el “diamante Caribe” que constituye junto a Santa Marta y Cartagena. “Queremos tener esa visibilidad”, coincide María Clemencia Sierra, decana de Negocios de la Universidad del Norte. “Barranquilla, y la costa en general, siempre ha tenido una visión internacional, por esa tensión con el interior. Tener la sede aquí es un mensaje fuerte”, valora.

Los Char, unos aliados en la Alcaldía

A la espera de estudios y cifras, se da por descontado que la actividad presidencial beneficiará el comercio, los hoteles y restaurantes. El carnaval es una suerte de laboratorio de las capacidades de un área metropolitana de 2,4 millones de habitantes. La edición de febrero recibió 820.000 visitantes. Entre los considerables desafíos que se asoman está mejorar la conectividad del Aeropuerto Internacional Ernesto Cortissoz. Hay una expectativa muy grande de que el Gobierno entrante va a ayudar a resolver los dos problemas más urgentes de la ciudad, señalan fuentes de la Alcaldía: la inseguridad y las altas tarifas de la energía.

“Es una muestra de confianza”, ha celebrado el alcalde Alejandro Char, un aliado político de De la Espriella. Desde hace casi 20 años ha impulsado la narrativa del ‘milagro barranquillero’. Con sus gorras raídas, barba de dos días y zapatos deportivos, Alex, como todos lo conocen, consiguió un tercer mandato en las elecciones regionales del 2023. Ya había gobernado de 2008 a 2011 y de 2016 a 2019, y asegurado sucesores de confianza en los intervalos. Su familia es dueña del Junior, el equipo de fútbol local, del banco Serfinanza y del emporio Olímpica, con cientos de supermercados y droguerías, además de una cadena radial.

Los Char han mantenido una bancada propia en el Congreso, además de cuotas en los gabinetes de Juan Manuel Santos (2010-2018) e Iván Duque (2018-2022), aunque no así en el saliente Gobierno de Gustavo Petro. Tras un cuatrienio de sequía, vuelven a contar con dos alfiles entre los ministros designados: Mauricio Gómez Amín, encargado de Comercio, Industria y Turismo, y la exalcaldesa y exministra Elsa Noguera, que ocupará la cartera de Transporte.

El presupuesto de Barranquilla ha pasado de 550.000 millones de pesos en 2007, cuando Alex fue elegido por primera vez, a más de 7 billones de pesos. Su popularidad ha estado aceitada por un gasto publicitario “desorbitado” que ayuda a silenciar las críticas, documentó en su día la Fundación para la Libertad de Prensa. En sus administraciones pavimentó barrios populares, construyó colegios, hospitales y parques, canalizó arroyos que eran la pesadilla de los habitantes. La ciudad dejó de darle la espalda al río Magdalena, albergó los Juegos Centroamericanos y del Caribe del 2018, buscó los Panamericanos de 2027 –se perdieron por una desatención del Gobierno Petro– y levantó una envidiable infraestructura deportiva. El Estadio Metropolitano albergará en noviembre la final de la Copa Sudamericana.

Pero también hay nubarrones. La de Barranquilla ha sido una “prosperidad al debe”, según han argumentado economistas como el profesor Jairo Parada, de la Universidad del Norte, al advertir sobre el aumento desbordado de la deuda pública. A pesar de la inseguridad persistente y los cuestionamientos a la contratación de las megaobras, concentradas en un puñado de grandes contratistas, los Char han sobrevivido escándalos tan fuertes como un entramado de compra de votos sin perder su atractivo electoral en la futura capital alterna. Contar con un aliado en la Presidencia les llega en un momento muy oportuno, con las regionales del próximo año en el horizonte.

Pero no todo es alegría. “Desde el punto de vista operativo va a ser complicado”, advierte el profesor Parada sobre la expectativa, aunque concede que la propuesta pone a Barranquilla en el mapa. “Este es un país muy centralizado, uno no sabe cuánto tiempo le va a durar esa energía a Abelardo para ir de capital en capital en un país de 32 departamentos; no es práctico desde el punto de la gerencia pública”, señala. “Es sano que un Gobierno trate de desconcentrar la administración, pero no es lo mismo desconcentración que descentralización; eso implica trasladar recursos, no solo entidades”.

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